Ecce homo
Ecce homo En este escrito deja oÃr su voz una inmensa esperanza. Yo no tengo, en definitiva, motivo alguno para renunciar a la esperanza de un futuro dionisiaco de la música. Adelantemos nuestra mirada un siglo, supongamos que mi atentado contra los milenios de contranaturaleza y de violación del hombre tiene éxito. Aquel nuevo partido de la vida que tiene en sus manos la más grande de todas las tareas, la crÃa selectiva de la humanidad, incluida la inexorable aniquilación de todo lo degenerado y parasitario, hará posible de nuevo en la tierra aquella demasÃa de vida de la cual tendrá que volver a nacer también el estado dionisiaco. Yo prometo una edad trágica: el arte supremo en el decir sà a la vida, la tragedia, volverá a nacer cuando la humanidad tenga detrás de sà la conciencia de las guerras más duras, pero más necesarias, sin sufrir por ello… A un psicólogo le serÃa lÃcito añadir incluso que lo que en mis años jóvenes oà yo en la música wagneriana no tiene nada que ver en absoluto con Wagner; que cuando yo describÃa la música dionisiaca describÃa aquello que yo habÃa oÃdo, que yo tenÃa que trasponer y transfigurar instintivamente todas las cosas al nuevo espÃritu que llevaba dentro de mÃ. La prueba de ello, tan fuerte como sólo una prueba puede serlo, es mi escrito Wagner en Bayreuth: en todos los pasajes psicológicamente decisivos se habla únicamente de mÃ, es lÃcito poner sin ningún reparo mi nombre o la palabra «Zaratustra» allà donde el texto pone la palabra «Wagner». La entera imagen del artista ditirámbico[88] es la imagen del poeta preexistente del Zaratustra, dibujado con abismal profundidad y sin rozar siquiera un solo instante la realidad wagneriana. Wagner mismo tuvo una noción de ello; no se reconoció en aquel escrito. Asimismo, «el pensamiento de Bayreuth» se habÃa transformado en algo que no será un concepto enigmático para los conocedores de mi Zaratustra, en aquel gran mediodÃa en que los elegidos entre todos se consagran a la más grande de todas las tareas ¿quién sabe? La visión de una fiesta que yo viviré todavÃa. El pathos de las primeras páginas pertenece a la historia universal; la mirada de que se habla en la página séptima[89] es la genuina mirada de Zaratustra; Wagner, Bayreuth, toda la pequeña miseria alemana es una nube en la que se refleja un infinito espejismo del futuro. Incluso psicológicamente, todos los rasgos de mi naturaleza propia están inscritos en la de Wagner, la yuxtaposición de las fuerzas más luminosas y fatales, la voluntad de poder como jamás hombre alguno la ha poseÃdo, la valentÃa brutal en lo espiritual, la fuerza ilimitada para aprender sin que la voluntad de acción quedase oprimida por ello. Todo en este escrito es un presagio: la cercanÃa del retorno del espÃritu griego, la necesidad de Antialejandros[90] que vuelvan a atar el nudo gordiano de la cultura griega, después de que ha sido desatado… Óigase el acento histórico-universal con que se introduce en la página 30[91] el concepto de «mentalidad trágica»: todos los acentos de este escrito pertenecen a la historia universal. Ésta es la «objetividad» más extraña que puede existir: la absoluta certeza sobre lo que yo soy se proyectó sobre cualquier realidad casual, la verdad sobre mà dejaba oÃr su voz desde una horrorosa profundidad. En la página 71[92] se describe y anticipa con incisiva seguridad el estilo del Zaratustra; y jamás se encontrará una expresión más grandiosa para describir el acontecimiento Zaratustra, el acto de una gigantesca purificación y consagración de la humanidad, que la que fue hallada en las páginas 43-46[93].