El crepusculo de los idolos
El crepusculo de los idolos 33
¡Qué pocas cosas hacen falta para ser feliz! El son de una gaita. Sin música la vida serÃa un error. El alemán se imagina a Dios mismo cantando canciones.
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On ne peut penser et écrire qu’assis[8] (G. Flaubert). ¡Ya te tengo, nihilista! Desarrollar unas anchas posaderas es precisamente el pecado contra el EspÃritu Santo. Solo los pensamientos adquiridos a fuerza de andar tienen valor.
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Hay casos en los que somos como los caballos, nosotros los psicólogos, y nos ponemos intranquilos: vemos delante de nosotros a nuestra propia sombra agrandarse y empequeñecerse. El psicólogo tiene que apartar la vista de sà mismo para sencillamente poder ver algo.
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¿Si nosotros los inmoralistas perjudicamos a la virtud? Igual de poco que los anarquistas a los prÃncipes. Solo desde que se les tirotea vuelven a estar firmemente asentados en su trono. Moraleja: hay que tirotear a la moral.
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¿Vas por delante? ¿Lo haces como pastor? ¿O como excepción? Un tercer caso serÃa que te hubieras escapado… Primera cuestión de conciencia.
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