El crepusculo de los idolos
El crepusculo de los idolos Goethe es el último alemán por el que tengo veneración: él habrÃa notado tres cosas que yo noto, y también nos entendemos sobre la «cruz»… Se me pregunta a menudo para qué escribo en alemán: en ningún lugar, me dicen, se me lee tan mal como en mi patria. Pero ¿quién sabe en último término si yo siquiera deseo ser leÃdo hoy? Crear cosas en las que el tiempo pruebe sus dientes en vano; en lo que hace a la forma, en lo que hace a la sustancia esforzarse por una pequeña inmortalidad: nunca he sido lo suficientemente modesto para exigir menos de mÃ. El aforismo, la sentencia, en los que soy el primero que es maestro entre los alemanes, son las formas de la «eternidad»; mi ambición es decir en diez frases lo que todos los demás dicen en un libro, lo que todos los demás no dicen en un libro…
He dado a la humanidad el libro más profundo que posee, mi Zaratustra: le daré dentro de poco el más independiente.