El crepusculo de los idolos
El crepusculo de los idolos La moral de la cría selectiva y la moral de la doma son enteramente dignas una de otra en los medios que emplean para imponerse: podemos establecer como primera premisa que para hacer moral hay que tener la incondicionada voluntad de lo contrario. Éste es el gran e inquietante problema tras del cual más largamente he ido: la psicología de los «mejoradores» de la humanidad. Un hecho pequeño y, en el fondo, modesto, el de la denominada pia fraus[25] 24, me proporcionó el primer acceso a este problema: la pia fraus, la herencia de todos los filósofos y sacerdotes que han «mejorado» a la humanidad. Ni Manú, ni Platón, ni Confucio, ni los maestros judíos y cristianos han dudado jamás de su derecho a la mentira. No han dudado de otros derechos enteramente distintos… Para expresarlo con una fórmula, se podría decir: todos los medios empleados hasta ahora para hacer moral a la humanidad eran, de raíz, inmorales…