El crepusculo de los idolos
El crepusculo de los idolos 7
Aprender a pensar: en nuestras escuelas ya no se sabe qué es eso. Incluso en las Universidades, incluso entre los eruditos en filosofía propiamente dichos, la lógica comienza a extinguirse como teoría, como práctica, como oficio artesano. Léase libros alemanes: ya ni el más remoto recuerdo de que para pensar se necesita una técnica, un plan docente, una voluntad de maestría, de que para saber pensar hay que aprender a hacerlo, igual que para saber danzar, en calidad de una especie de danza… ¡Quién, entre los alemanes, conoce aún por propia experiencia ese fino estremecimiento que los pies ligeros en lo espiritual rebosan en todos sus músculos! La tiesa torpeza del gesto espiritual, la mano tosca al coger: esto es alemán en tal grado que en el extranjero se confunde con la forma de ser alemana sin más. El alemán no tiene dedos para las nuances[29]… Ya sencillamente que los alemanes hayan aguantado a sus filósofos, sobre todo a aquél que era el más contrahecho de los tullidos conceptuales que ha habido, al gran Kant, da una idea no pequeña de la gracia alemana. Y es que el danzar en todas sus formas no se puede desgajar de la educación noble, saber bailar con los pies, con los conceptos, con las palabras; ¿tendré que decir además que hay que saber hacerlo también con la pluma, que hay que aprender a escribir? Pero llegado a ese punto me convertiría para los lectores alemanes en un perfecto enigma…