Humano, demasiado humano

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Entonces puede acontecer que, entre las repentinas vislumbres de salud todavía incompleta, todavía sujeta a variaciones, comience a los ojos del espíritu libre, más y más libre cada vez, a descubrirse el enigma de esa gran transformación total, de ese cambio de frente que hasta entonces había permanecido obscuro, casi intangible, en su memoria. Durante mucho tiempo apenas si se atrevía a preguntarse: «¿Por qué me hallo tan apartado de todo?, ¿por qué tan solo?, ¿por qué en esta dureza, esta desconfianza, este odio a mis propias virtudes?, ¿por qué renunciar a todo lo que respetaba y hasta a ese mismo respeto?». Ahora se atreve a hacerlo descaradamente, propone la cuestión en alta voz y oye ya algo semejante a una respuesta, que le dice: «Necesitabas hacerte dueño de ti mismo, dueño también de tus propias virtudes. Antes eran ellas tus señoras; pero ya no tienen derecho para ser más que tus instrumentos». Necesitabas enseñorearte de tu pro y tu contra, y aprender el arte de tomarlos o dejarlos, de aprovecharlos o no, según tu fin del momento. Necesitabas llegar al conocimiento de los elementos de perspectivas de toda apreciación: la deformación, la distensión, la aparente teología de los horizontes y todo lo que concierne a la perspectiva, y más todavía de la indiferencia que es indispensable para apreciar con cabal criterio valores opuestos y las pérdidas intelectuales con que se hace pagar todo pro y todo contra. Necesitabas aprender a escoger lo que hay de injusticia necesaria en todo pro y contra; la injusticia como inseparable de la vida, la vida misma como acondicionada por la perspectiva y su injusticia. Necesitabas, antes que todo, ver con tus propios ojos en dónde existe mayor injusticia, esto es, allí donde la vida tiene desenvolvimiento más mezquino, más estrecho, más pobre, más rudimentario, y donde, por lo tanto, la vida no puede hacer otra cosa que tomarse a sí misma como un fin y medida de las cosas, analizando furtiva, menuda, asiduamente, por amor a su conservación, lo que hay de noble, grande y rico. Necesitabas ver con tus propios ojos el problema de la jerarquía y la protección en que la potencia y la justicia y la extensión crecen juntas a medida que te levantas. «Necesitabas» —pero basta—; el espíritu libre sabe a qué necesidad ha obedecido y cuáles son ahora su poder y su derecho


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