Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano No habrá psicólogo ni agorero a quien se oculte, ni por un momento siquiera, a qué grado de la evolución acabo de describir corresponde el presente libro (o en qué grado ha sido colocado). Pero ¿en dónde están los sociólogos? En Francia, desde luego, quizá en Rusia, pero no en Alemania. No faltan razones para que los alemanes modernos hagan de ello un título honorífico; tanto peor, por consiguiente, para el hombre cuya naturaleza y vocación sean en este respecto antialemanes. Este libro alemán, que ha sabido encontrar lectores en un círculo extenso de comarcas y de pueblos, desde hace diez años, y que debe ser hábil en alguna clase de música, aunque sea la de sonar la flauta, puesto que se necesita del arte musical para cautivar aun los oídos ásperos de los extranjeros, es en la misma Alemania donde ha sido más detenidamente oído y peor comprendido. ¿De qué depende esto? «Está escrito —se me ha dicho— para hombres ya libertados de los deberes groseros, busca inteligencias finas y delicadas, necesita de lujo, del lujo en la comodidad, en la pureza del cielo y del corazón, en el otium, en su sentido más atrevido; cosas muy buenas todas, que nosotros los alemanes de hoy no tenemos, y que, por lo tanto, tampoco podemos darlas». Ante respuesta tal, mi filosofía me aconseja callarme y no llevar más lejos estas argumentaciones, sobre todo porque en ciertos casos, como dice el proverbio es uno filósofo guardando silencio.