Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano POCO APRECIO DE LA SEGUNDA ENSEÑANZA.— Conviene fijar la atención en las cosas que allí se aprenden para no olvidarlas nunca, y no en las que se estudian para sacudirse luego de ellas. La enseñanza clásica se hace por un método monstruoso: los niños no están maduros para tanto, y los maestros resultan poco claros. Pero en esto consiste la utilidad. Estos maestros hablan de la lengua abstracta de la alta cultura, pesada y difícil, verdadera gimnasia del cerebro: ideas, expresiones, métodos que no hallan los alumnos en su casa o en la calle. Basta que entiendan. Esta disciplina no puede menos de infundirles la «abstracción».
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APRENDER MUCHAS LENGUAS.— El aprender muchas lenguas llena de palabras la capacidad limitada de la memoria. Da la ilusión de tener talento. Se opone la adquisición de conocimientos útiles y reales. Es cortar de raíz el sentimiento delicado de la lengua materna. Los dos pueblos que han producido los mejores artistas del estilo, los griegos y los franceses, no aprendían lenguas extranjeras. Pero el comercio es cosmopolita, hoy un buen negociante de Londres debe hablar ocho lenguas: hasta que el exceso de mal traiga su remedio, inventándose una lengua universal para el tráfico mercantil y científico. Tan cierto como que se inventará la navegación aérea. Y si para esto no, ¿para qué fatigarse de la lingüística?