Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano EL ADICTO MÁS PELIGROSO.— En todo partido existe un hombre que, profesando exageradamente los principios de ese partido, excita a los demás a desertar de él.
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CONSEJEROS DEL ENFERMO.— Quien da consejos a un enfermo, se asegura un sentimiento de superioridad sobre él, sean seguidos o rechazados. Tal es la causa de que los enfermos irritables y orgullosos aborrezcan a los consejeros más que a la enfermedad misma.
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DOS ESPECIES DE IGUALDAD.— La sed de igualdad puede manifestarse en que se quiere, o bien someter a los demás rebajándolos, reduciéndolos al silencio, mirándolos sobre el hombro, o bien elevarse con todos (haciéndoles justicia, ayudándolos, regocijándose de los éxitos de otros).
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CONTRA EL ENCOGIMIENTO.— El medio mejor de socorrer a las personas que se hallan muy agobiadas y de tranquilizarlas, consiste en alabarlas de una manera decidida.
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PREFERENCIA POR CIERTAS VIRTUDES.— Nosotros esperamos para dar valor particular a la profesión de una virtud, haber notado su completa ausencia en nuestros enemigos.
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