Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano VANIDAD DE LA LENGUA.— Sea que el hombre oculte sus malas cualidades y sus vicios, sea que los confiese con franqueza, su vanidad desea siempre, en uno y otro caso, encontrar una ventaja; obsérvese con qué finura distingue ante quien oculta sus cualidades y ante quien es honrado y franco.
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POR CONSIDERACIÓN.— No querer mortificar, no querer herir a nadie, puede ser lo mismo una muestra de justicia como de timidez.
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INDISPENSABLE PARA LA DISPUTA.— El que no sabe poner sus ideas entre hielo no debe empeñarse en el calor de la discusión.
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FRECUENTACIÓN Y ARROGANCIA.— Olvida uno la arrogancia siempre que se sabe entre personas de mérito; estar solo produce presunción. Los jóvenes son arrogantes, pues frecuentemente sus compañeros todos, no siendo nada, quieren pasar por ser mucho.
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MOTIVO DEL ATAQUE.— No se ataca solamente por hacer mal a alguno, por vencerlo, sino quizá también por el solo placer de adquirir conciencia de la propia fuerza.
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