Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano ECOS DE ESTADOS PRIMITIVOS EN EL DISCURSO.— En la manera con que los hombres emiten hoy sus afirmaciones en el mundo, se reconoce frecuentemente un eco del tiempo en que se inclinaban a las armas: tan pronto sostienen sus afirmaciones como los tiradores al blanco su fusil, tan pronto se cree sentir el roce y el chocar de las espadas: en algunos hombres, una afirmación cae silbando como un proyectil. Las mujeres, por el contrario, hablan como seres que durante siglos estuvieran sentadas al pie del huso o manejando la aguja o jugando como niñas con los niños.
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EL NARRADOR.— El que hace una narración, un cuento, deja fácilmente notar por qué el hecho le interesa o por qué quiere interesar. En el último caso exagerará, usará de superlativos y de procedimientos semejantes. Entonces narra muy mal, porque no piensa tanto en el hecho como en él mismo.
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EL LECTOR.— El que lee en alta voz poemas dramáticos descubre su propio carácter: encuentra su voz más natural para ciertas situaciones y escenas que para otras; por ejemplo, para todo lo que es patético o para todo lo que es bufo, mientras que en la vida ordinaria quizá no tendrÃa ocasión ni aun de mostrar la pasión o la agudeza de ingenio.