Humano, demasiado humano

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LÓGICA DEL SUEÑO.— Durante el sueño el sistema nervioso se encuentra continuamente excitado por múltiples causas interiores; casi todos los órganos se separan y se ponen en actividad: la sangre realiza su impetuosa revolución, la posición del que duerme comprime ciertos miembros, las mantas influencian sus sensaciones de diversas maneras, el estómago digiere y agita con sus movimientos otros órganos, los intestinos se tuercen, la situación de la cabeza produce estados musculares no acostumbrados: los pies, sin calzado, no hollando el suelo con la planta, ocasionan el sentimiento de lo no acostumbrado, del mismo modo que el diferente vestido de todo el cuerpo; todo, según su cambio, su grado cotidiano, conmueve por su carácter extraordinario el sistema, hasta el funcionamiento del cerebro; y así, hay cien motivos de admiración para el espíritu al buscar las razones de esa emoción; pero el sueño es el inquirimiento y representación de las causas de las impresiones así despertadas, es decir, de las causas supuestas. El que, por ejemplo, se envuelve los pies en dos fajas, puede soñar que dos serpientes se le enroscan: esto es primeramente una hipótesis, luego una creencia, acompañada de la representación e invención de forma. —«Estas serpientes deben ser la causa de la impresión que siento durmiendo»—; así juzga el espíritu del durmiente. El pasado próximo, así encontrado por razonamiento, se le pone delante por la excitada imaginación. Todos sabemos por experiencia con qué rapidez introduce el hombre que sueña un sonido fuerte que llega, por ejemplo, el toque de las campanas, los cañonazos, en la trama de su sueño; es decir, saca de ella la explicación al revés, si bien pensando experimentar primero las circunstancias ocasionales y después el mismo sonido. Pero ¿cómo puede ser que el espíritu de los soñadores dé siempre en falso, siendo así que ese mismo espíritu durante la vigilia, tiene el hábito de ser tan reservado, tan prudente, tan escéptico en todo lo que se relaciona con las hipótesis? ¿Cómo puede ser que llegue hasta el punto de que la primera hipótesis que se le aparezca para la explicación de una sensación, le basta para creer in continenti en su verdad?, (puesto que nosotros durante el sueño creemos en los sueños como si fueran una realidad; es decir, que tenemos nuestra hipótesis como completamente demostrada). Pienso que de la misma forma con que el hombre saca hoy sus conclusiones durante el sueño, así concluía también la humanidad, aun en la vigilia, durante no pocos millares de años: la primera causa que se presentaba al espíritu para explicar alguna cosa que tenía necesidad de explicación le bastaba y pasaba como verdad. (Es lo que hacen todavía los salvajes, según los relatos de viajeros). En el sueño continúa actuando en nosotros aquel tipo muy antiguo de la humanidad, por es el fundamento sobre el cual se ha desarrollado la razón superior y se desarrolla todavía en cada hombre: el sueño nos hace volver a lejanos estados de la civilización humana, y pone en nuestras manos un medio de comprenderlos. Si durante largos períodos de la evolución de la humanidad hemos sido adiestrados en esta forma de agitación fantástica de la primera idea que surge. Así, el sueño es una recreación para el cerebro, que durante el día satisface las severas exigencias del pensamiento, tales como han sido establecidas por la civilización superior. Hay un fenómeno hermoso en la inteligencia despierta que podemos tomar en consideración como pórtico y vestíbulo del sueño. Si cerramos los ojos, el cerebro produce una multitud de impresiones de luz y de color, semejantes realmente a una especie de resonancia y de eco de todos los efectos luminosos que durante el día actúan sobre él. Hay más; la inteligencia, de acuerdo con la imaginación, elabora bien pronto de estos juegos de colores, de suyo informes, figuras determinadas, personajes, paisajes, grupos animados. El fenómeno particular que acompaña este hecho es, además, una especie de conclusión del efecto por la causa; mientras el espíritu inquiere de dónde vienen tales impresiones de luz y de colores, supone como causas esas mismas figuras, esos personajes; desempeñan para él el papel de ocasión de los colores y las luces, porque en el día, y con los ojos abiertos, está habituado a encontrar para cada color, para cada impresión de luz, una causa ocasional. Entonces, la imaginación le suministra constantemente imágenes, tomándolas de prestado a las impresiones visuales del día. Eso es justamente lo que hace la imaginación en el sueño; lo que significa que la pretendida causa es deducida del efecto y presupuesta después del efecto, y todo con extraordinaria rapidez, si bien entonces, como pasa al ver un prestidigitador, puede nacer de confusión de los juicios, y una sucesión interpretarse como algo simultáneo, y viceversa. Podemos deducir de estos fenómenos, cuan tardíamente el pensamiento lógico, un poco preciso, la indagación severa de la causa y el efecto, se han desarrollado, si nuestras funciones intelectuales y racionales, aun ahora, vuelven a las formas primitivas de razonamientos, y si vivimos quizá la mitad de nuestra vida en ese estado. También el poeta, el artista, supone causas que no son del todo verdaderas; se acuerda en esto de la humanidad anterior y nos ayuda a comprenderla.


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