Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano CUESTIONES FUNDAMENTALES DE LA METAFÍSICA.— Una vez escrita la historia de la génesis del pensamiento, la siguiente frase de un lógico distinguido se iluminará nuevamente: «La ley general original del sujeto cognoscente consiste en la necesidad interior de reconocer todo objeto en sí, en su esencia propia, como idéntico a él, existente por él mismo, y que permanece en el fondo siempre semejante e inmóvil; en resumen, como una substancia». Aún esta ley, llamada aquí «original», es también resultado de un cambio; algún día se demostrará cómo nace esta tendencia poco a poco en los organismos inferiores; como los débiles ojos de los topos, de esas organizaciones, no ven de pronto sino lo siempre idéntico; cómo cuando las diversas emociones de placer y de disgustos se hacen más sensibles, poco a poco van distinguiéndose diversas substancias, pero cada una con un solo atributo, es decir, una relación única con tal organismo. El primer grado de la lógica es el juicio, cuya esencia consiste, según la afirmación de muchos lógicos, en la creencia. Toda creencia tiene por fundamento la sensación de lo agradable o de lo desagradable, con relación al sujeto que siente. Una tercera sensación nueva, resultado de dos sensaciones aisladas precedentes, es el juicio en su forma más inferior. A nosotros, seres organizados, no nos interesa el origen de cada cosa sino en su relación con lo que atañe al placer y al sufrimiento. Entre los momentos en que tenemos conciencia de esta relación, entre los estados de sensación, hay momentos de reposo, de no sensación; entonces el mundo y todo lo que existe carece de interés para nosotros, no vemos en ellos modificación alguna (nos encontramos a la manera de un hombre que en el momento en que se halla vivamente interesado por algo no nota que alguien pasa cerca de él). Para las plantas, todas las cosas son de ordinario inmóviles, eternas, cada cosa idéntica a ella misma. De su período de organismo inferior el hombre ha heredado la creencia de que hay cosas idénticas (sólo la experiencia, formada por la más alta ciencia, contradice esta proposición). La creencia primitiva de todo ser organizado en sus principios, es tal vez la de que todo el resto del mundo es uno e inmóvil. Lo que hay más alejado relativamente de este grado primitivo de lógica, es la idea de causalidad; cuando el individuo que siente se observa a sí mismo, toma cualquier sensación, cualquier modificación, por algo aislado, es decir, incondicional, independiente: surge de nosotros sin vínculo alguno con la anterior o la ulterior. Tenemos hambre, pero no pensamos en su origen, en que el organismo necesita ser mantenido; la sensación parece que se deja sentir sin razón ni fin, se aísla y se la tiene como arbitraria. Del mismo modo, la creencia en la libertad del querer es un error original de todo ser organizado, que se remonta hasta el momento en que las emociones lógicas existen en él; la creencia en las substancias incondicionales y en las cosas semejantes es también otro error tan antiguo como el de todo ser organizado. Por consiguiente, una vez expuesto que la metafísica se ha ocupado principalmente de las substancias y de la libertad del querer, bien puede tenérsela por la ciencia que trata de los errores fundamentales del hombre, pero como si fuesen verdades fundamentales.