Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano 488
NO TAN PROFUNDAMENTE.— Las personas que han abrazado una causa en toda su profundidad, rara vez permanecen fieles. Han apreciado la profundidad a la luz del día y en ella hay siempre mucho malo que ver.
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ILUSIÓN DE LOS IDEALISTAS.— Todos los idealistas se imaginan que las cusas que ellos sirven son mejores por esencia que todas las demás causas del mundo, y no quieren creer que su causa necesita del mismo estiércol pestilente que todas las demás empresas humanas.
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OBSERVACIÓN DE SÍ MISMO.— El hombre se halla muy bien defendido contra sí mismo; de ordinario no puede percibir de su propio ser más que las obras exteriores. La ciudadelas, propiamente dicha, le es inaccesible, aún invisible, a menos que amigos y enemigos no se hagan traidores y le introduzcan dentro de sí mismo por un camino desconocido.
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LA JUSTA FUNCIÓN.— Los hombres ejercen rara vez una función que no juzguen fundamentalmente más importante que todas las demás. Les pasa lo mismo que a las mujeres con los amantes.
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