Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano DESPRECIO DE LOS HOMBRES.— El indicio menos equÃvoco del desprecio de los hombres, es que no se da valor a ninguno sino como medio de alcanzar el propio fin.
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OLVIDAR SUS AVENTURAS.— Quien piensa mucho y piensa prácticamente, olvida con facilidad sus propias aventuras, pero nunca las ideas que éstas han evocado en él.
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MANTENERSE EN UNA OPINIÓN.— Uno sostiene su opinión, porque se imagina que ha llegado a ella por sà mismo; otro porque al ha alcanzado: ambos por vanidad.
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RECHAZAR LA LUZ.— La acción buena rehúsa la publicidad tanto como la mala: la una teme que la revelación le acarre dolor (bajo forma de castigo), la otra que la revelación desvanezca el contento, es decir, ese contento puro de sà mismo, que cesa tan pronto como una satisfacción de vanidad viene a juntársele.
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LO LARGO DE LA JORNADA.— Cuando hay muchas cosas que poner en ella, la alforja tiene cien senos.
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