Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano ENSEÑANZA POR LOS RETRATOS.— Contemplando una serie de retratos de uno mismo, desde los dÃas de la primera infancia hasta la madurez viril, se echa de ver con agradable sorpresa que hay mayor parecido entre el hombre y el niño que entre el hombre y el adolescente, y que, por lo tanto, verosÃmilmente, de manera análoga, se ha producido en el intervalo un alejamiento temporal del carácter esencial, cuya fuerza acumulada, amontonada, se ha hecho de nuevo dueña del hombre. A tal observación, corresponde esta otra: todas las fuertes influencias de pasiones, maestros, sucesos polÃticos que nos arrastran en la juventud, parecen reunirse más tarde en una medida fija: seguramente continúan viviendo y actuando en nosotros; pero el sentimiento el pensamiento fundamental no tienen menor predicamento, y las emplean sin duda como fuentes de fuerza, pero no ya como reguladoras, como sucede en los veinte años. Del mismo modo aún, el pensamiento y el sentimiento del hombre formado parecen más conformes con los de su edad infantil, y este hecho interior tiene su expresión en los rasgos exteriores que ya he mencionado.
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