Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano PRETENDIDOS GRADOS DE VERDAD.— Uno de los errores de lógica más comunes es éste: alguien es verÃdico y sincero para con nosotros, luego dice la verdad. Asà es como el niño cree en los juicios de sus padres, el cristiano en las afirmaciones del fundador de la Iglesia. Del mismo modo, no quiere aceptarse que todo lo que los hombres prohibieron en los siglos pasados, al precio de su dicha y de su vida, eran sólo errores: cuando más, se dirá que fueron grados de verdad. Pero en el fondo se piensa que si alguno ha creÃdo de buena fe y ha combatido y muerto por su fe, no puede creerse que a ello le hubiese impelido un puro error. Tal fenómeno parece estar en contradicción con la justicia eterna, y de ahà que en los hombres sensibles el corazón se empeñe siempre en sostener, contra la cabeza, esta proposición: que entre las acciones morales y la clarividencia intelectual tiene que existir un lazo necesario. Desgraciadamente no es esto asÃ; la justicia eterna no existe.
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