Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano LA AMBICIÓN SUCEDÁNEA DEL SENTIDO MORAL.— El sentido moral suele no faltar en naturalezas que no tienen ambición. Los ambiciosos, a su vez, pueden pasarse sin él. Con ello acrecentamos la estimación de las cosas por casi con el mismo resultado. Por esto los hijos de familias modestas que repugnan la ambición, si llegan a perder el sentido moral se hacen rápidamente bandoleros refinados.
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LA VANIDAD ENRIQUECE.— ¡Qué pobre sería el espíritu humano sin la vanidad! Pero con ella se asemeja a un almacén bien lleno y siempre llenándose de nuevo, que atrae a parroquianos de toda clase: pueden encontrar allí casi todo, siempre que tengan consigo el género de moneda que circula (la admiración).
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