La genealogia de la moral
La genealogia de la moral Si prescindimos del ideal ascético, entonces el hombre, el animal hombre, no ha tenido hasta ahora ningún sentido. Su existencia sobre la tierra no ha albergado ninguna meta; «¿para qué en absoluto el hombre?» —ha sido una pregunta sin respuesta; faltaba la voluntad de hombre y de tierra; ¡detrás de todo gran destino humano resonaba como estribillo un «en vano» todavÃa más fuerte! Pues justamente esto es lo que significa el ideal ascético: que algo faltaba, que un vacÃo inmenso rodeaba al hombre, — éste no sabÃa justificarse, explicarse, afirmarse a sà mismo, sufrÃa del problema de su sentido. SufrÃa también por otras causas, en lo principal era un animal enfermizo: pero su problema no era el sufrimiento mismo, sino el que faltase la respuesta al grito de la pregunta: «¿para qué sufrir?» El hombre, el animal más valiente y más acostumbrado a sufrir, no niega en sà el sufrimiento: lo quiere, lo busca incluso, presuponiendo que se le muestre un sentido del mismo, un para—esto del sufrimiento. La falta de sentido del sufrimiento, y no este mismo, era la maldición que hasta ahora yacÃa extendida sobre la humanidad, — ¡y el ideal ascético ofreció a ésta un sentido! Fue hasta ahora el único sentido; algún sentido es mejor que ningún sentido; el ideal ascético ha sido, en todos los aspectos, el fuute de mieux [mal menor] par excellence habido hasta el momento. En él el sufrimiento aparecÃa interpretado; el inmenso vacÃo parecÃa colmado; la puerta se cerraba ante todo nihilismo suicida. La interpretación —no cabe dudarlo— traÃa consigo un nuevo sufrimiento, más profundo, más Ãntimo, más venenoso, más devorador de vida: situaba todo sufrimiento en la perspectiva de la culpa… Mas, a pesar de todo ello, — el hombre quedaba asà salvado, tenÃa un sentido, en adelante no era ya como una hoja al viento, como una pelota del absurdo, del «sin—sentido», ahora podÃa querer algo, por el momento era indiferente lo que quisiera, para qué lo quisiera y con qué lo quisiera: la voluntad misma estaba salvada. No podemos ocultarnos a fin de cuentas qué es lo que expresa propiamente todo aquel querer que recibió su orientación del ideal ascético: ese odio contra lo humano, más aún, contra lo animal, más aún, contra lo material, esa repugnancia ante los sentidos, ante la razón misma, el miedo a la felicidad y a la belleza, ese anhelo de apartarse de toda apariencia, cambio, devenir, muerte, deseo, anhelo mismo —¡todo eso significa, atrevámonos a comprenderlo, una voluntad de la nada, una aversión contra la vida, un rechazo de los presupuestos más fundamentales de la vida, pero es, y no deja de ser, una voluntad!… Y repitiendo al final lo que dije al principio: el hombre prefiere querer la nada a no querer…
