La genealogia de la moral
La genealogia de la moral —Mis pensamientos sobre la procedencia de nuestros prejuicios morales —pues de ellos se trata en este escrito polémico— tuvieron su expresión primera, parca y provisional en esa colección de aforismos que lleva por tÃtulo Humano, demasiado humano. Un libro para espÃritus libres, cuya redacción comencé en Sorrento durante un invierno que me permitió hacer un alto como hace un alto un viajero y abarcar con la mirada el vasto y peligroso paÃs a través del cual habÃa caminado mi espÃritu hasta entonces. OcurrÃa esto en el invierno de 1876 a 1877; los pensamientos mismos son más antiguos. En lo esencial eran ya idénticos a los que ahora recojo de nuevo en estos tratados: — ¡esperemos que ese prolongado intervalo les haya favorecido y que se hayan vuelto más maduros, más luminosos, más fuertes, más perfectos! El hecho de que yo me aferre a ellos todavÃa hoy, el que ellos mismos se hayan entre tanto unido entre sà cada vez con más fuerza, e incluso se hayan entrelazado y fundido, refuerza dentro de mà la gozosa confianza de que, desde el principio, no surgieron en mà de manera aislada, ni fortuita, ni esporádica, sino de una raÃz común, de una voluntad fundamental de conocimiento, la cual dictaba sus órdenes en lo profundo, hablaba de un modo cada vez más resuelto y exigÃa cosas cada vez más precisas. Esto es, en efecto, lo único que conviene a un filósofo. No tenemos nosotros derecho a estar solos en algún sitio: no nos es lÃcito ni equivocarnos solos, ni solos encontrar la verdad. Antes bien, con la necesidad con que un árbol da sus frutos, asà brotan de nosotros nuestros pensamientos, nuestros valores, nuestros sÃes y nuestros noes, nuestras preguntas y nuestras dudas — todos ellos emparentados y relacionados entre sÃ, testimonios de una única voluntad, de una única salud, de un único reino terrenal, de un único sol. — ¿Os gustarán a vosotros estos frutos nuestros? — Pero ¡qué les importa eso a los árboles! ¡Qué nos importa eso a nosotros los filósofos!…
