La genealogia de la moral
La genealogia de la moral En el fondo lo que a mà me interesaba precisamente entonces era algo mucho más importante que unas hipótesis propias o ajenas acerca del origen de la moral (o más exactamente: esto último me interesaba sólo en orden a una finalidad para la cual aquello es un medio entre otros muchos). Lo que a mà me importaba era el valor de la moral, — y en este punto casi el único a quien yo tenÃa que enfrentarme era mi gran maestro Schopenhauer [13], al cual se dirige, como si él estuviera presente, aquel libro, la pasión y la secreta contradicción de aquel libro (pues también él era un «escrito polémico»). Se trataba en especial del valor de lo «no—egoÃsta», de los instintos de compasión, autonegación, autosacrificio, a los cuales cabalmente Schopenhauer habÃa recubierto de oro, divinizado y situado en el más allá durante tanto tiempo, que acabaron por quedarle como los «valores en sû, y basándose en ellos dijo no a la vida y también a sà mismo. ¡Mas justo contra esos instintos dejaba oÃr su voz en mà una suspicada cada vez más radical, un escepticismo que cavaba cada vez más hondo! Justo en ellos veÃa yo el gran peligro de la humanidad, su más sublime tentación y seducción —¿hacia dónde?, ¿hacia la nada?—, justo en ellos veÃa yo el comienzo del fin, la detención, la fatiga que dirige la vista hacia atrás, la voluntad volviéndose contra la vida, la última enfermedad anunciándose de manera delicada y melancólica: yo entendÃa que esa moral de la compasión, que cada dÃa gana más terreno y que ha atacado y puesto enfermos incluso a los filósofos, era el sÃntoma más inquietante de nuestra cultura europea, la cual ha perdido su propio hogar, era su desvÃo ¿hacia un nuevo budismo?, ¿hacia un budismo de europeos?, ¿hacia el nihilismo?… Esta moderna preferencia de los filósofos por la compasión y esta moderna sobreestimación de la misma son, en efecto, algo nuevo: precisamente sobre la carencia de valor de la compasión habÃan estado de acuerdo hasta ahora los filósofos. Me limito a mencionar a Platón, Spinoza, La Rochefoucauld y Kant [14], cuatro espÃritus totalmente diferentes entre sÃ, pero conformes en un punto: en su menosprecio de la compasión. —