La genealogia de la moral
La genealogia de la moral —«Ahora me dan a entender que ellos no sólo son mejores que los poderosos, que los señores de la tierra, cuyos esputos ellos tienen que lamer (no por temor, ¡de ninguna manera por temor!, sino porque Dios manda honrar toda autoridad)[31], — que ellos no sólo son mejores, sino que también ‘les va mejor’, o, en todo caso, alguna vez les irá mejor. Pero ¡basta!, ¡basta! Ya no lo soporto más. ¡Aire viciado! ¡Aire viciado! Ese taller donde se fabrican ideales —me parece que apesta a mentiras.»
—¡No! ¡Un momento todavÃa! Aún no nos ha dicho usted nada de la obra maestra de esos nigromantes que con todo lo negro saben construir blancura, leche e inocencia: — ¿no ha observado usted cuál es su perfección suma en el refinamiento, su audacÃsima, finÃsima, ingeniosÃsima, mendacÃsima estratagema de artista? ¡Atienda! Esos animales de sótano, llenos de venganza y de odio —¿qué hacen precisamente con la venganza y con el odio? ¿Ha oÃdo usted alguna vez esas palabras? Si sólo se fiase usted de lo que ellos dicen, ¿barruntarÃa que se encuentra en medio de hombres del resentimiento?…