La genealogia de la moral
La genealogia de la moral Por otro lado, el carácter no-aforÃstico, sino continuado y sistemático de esta obra ha sido un segundo elemento que ha llamado siempre la atención de los estudiosos sobre ella. Nietzsche no se contenta aquà con lanzar una estocada —un aforismo— sobre un problema, como hacÃa en obras anteriores, para continuar adelante a la caza de otras cuestiones, otras resistencias, otras luchas, sino que se enfrenta a tres problemas y morosamente los sigue y persigue hasta sus últimos escondrijos. Para ello acude a todo su refinado arte de psicólogo y, muy en particular, a sus conocimientos históricos. PodÃa, sin duda, realizarlo, pues se encontraba en la cumbre de su madurez. En el verano de 1887, mientras compone esta obra en Sils-Maria, Nietzsche siente que se aproxima su otoño, un otoño cargado de frutos, que luego, cuando sople el viento del cercano hundimiento psicológico, dejará caer al suelo la atropellada muchedumbre de verdades que se agolpan en las obras del año siguiente. No se trata en este libro de ideas que vinieran a la mente de Nietzsche precisamente en este verano. Son verdades ya antiguas, procedentes incluso de su infancia, pero cuya perduración refuerza en él «la gozosa confianza de que, desde el principio, no surgieron en mà de una manera aislada, ni fortuita, ni esporádica, sino de una raÃz común, de una voluntad fundamental de conocimiento» (véase luego, T. I, §2).
