La genealogia de la moral
La genealogia de la moral ¿Qué significan los ideales ascéticos? — O para tomar un solo caso con respecto al cual se me ha consultado con bastante frecuencia, ¿qué significa, por ejemplo, el que un artista como Richard Wagner rinda homenaje a la castidad en los dÃas de su vejez? Es verdad que, en cierto sentido, eso lo hizo siempre; pero sólo en el último momento lo hizo en un sentido ascético. ¿Qué significa esa modificación del «sentido», ese radical cambio de sentido? —pues fue un cambio, y con él Wagner dio directamente el salto a su antÃtesis. ¿Qué significa que un artista dé el salto a su antÃtesis?… Supuesto que queramos detenernos un poco en esta cuestión, nos viene aquà en seguida el recuerdo de la época más buena, más fuerte, más jubilosa, más valerosa que hubo tal vez en la vida de Wagner: fue cuando el pensamiento de las bodas de Lutero le ocupaba de una manera Ãntima y profunda. ¿Quién sabe de qué azares ha dependido propiamente el que nosotros tengamos hoy, en lugar de aquellá música nupcial, Los maestros cantores? ¿Y cuánto de aquélla sigue quizá resonando todavÃa en éstos? Pero no hay ninguna duda de que, aun en esas Bodas de Lutero, se habrÃa tratado de un elogio de la castidad. También, de todos modos, de un elogio de la sensualidad: — y justo asà me parecerÃa bien, justo asà habrÃa sido ello también «wagneriano». Pues entre castidad y sensualidad no se da una antÃtesis necesaria; todo buen matrimonio, toda auténtica relación amorosa de corazón está por encima de esa antÃtesis. A mi parecer, Wagner habrÃa hecho bien en llevar de nuevo al ánimo de sus alemanes esta agradable realidad, con ayuda de una graciosa y atrevida comedia sobre Lutero, pues hay y ha habido siempre entre los alemanes muchos calumniadores de la sensualidad; y acaso el mérito de Lutero en ninguna otra cosa fue más grande que en haber tenido cabalmente el valor de su sensualidad (—entonces se la llamaba, con bastante delicadeza, «libertad evangélica…»). Pero aun en el caso de que exista realmente esa antÃtesis entre castidad y sensualidad, no es necesario, por fortuna, que sea ya una antÃtesis trágica. Esto deberÃa valer al menos de todos los mortales dotados de mejor constitución, dotados de mejores ánimos, los cuales están lejos de contar sin más, entre las razones contrarias a la existencia, su lábil equilibrio entre «la bestia y el ángel», —los más sutiles y los más lúcidos, como Goethe, como Hafis[68], han visto incluso en esto un atractivo más de la vida. Precisamente tales «contradicciones» tientan seductoramente a existir… Por otro lado, resulta manifiesto que cuando los cerdos lisiados son llevados a adorar la castidad —¡y tales cerdos existen!— ven y adoran en ella sólo su antÃtesis, la antÃtesis del cerdo lisiado —¡oh, es fácil imaginar con qué trágico gruñido y fervor lo hacen!—, aquella penosa y superflua antÃtesis que Richard Wagner, al final de su vida, quiso, sin ninguna duda, poner todavÃa en música y llevar a la escena. Mas ¿con qué finalidad? es lÃcito y justo preguntar[69]. Pues ¿qué le importaban a él los cerdos, qué nos importan a nosotros?
