La genealogia de la moral
La genealogia de la moral El comienzo «frío, científico, incluso irónico», se refiere aquí a los psicólogos ingleses. Nietzsche se burla suavemente de ellos, de esas ranas viejas, frías, aburridas, que chapotean en la ciénaga humana. Siente cariño por ellos, le gustaría que fuesen valientes y magnánimos. Pero en seguida viene la grave acusación: carecen de espíritu histórico. Se contradicen al atribuir los conceptos del bien y del mal al olvido y al hábito. En este punto resulta más coherente, dice, aunque no más verdadero, Spencer. Hace falta, pues, acudir al espíritu histórico, hace falta recurrir a la genealogía y, más en concreto, a la etimología- ¿Qué significan las palabras, y cuál es la historia de su metamorfosis intelectual? Nietzsche analiza el vocablo «malo» (schlecht), que significó originariamente el «simple», el hombre vulgar y bajo. En cambio, el concepto «bueno» (gut) se refería al hombre de rango superior, al noble, al poderoso, al señor. Las valoraciones brotaban, por tanto, de una forma de ser, de una forma de hallarse en la vida y en la sociedad. Aunque es posible que algunas de las etimologías aducidas aquí y en otros lugares por Nietzsche estén equivocadas, lo decisivo es haber penetrado hasta la fuente de donde brotan los valores.
