La genealogia de la moral

La genealogia de la moral

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

16

Ahora se adivina qué es lo que, según mi idea, el instinto curativo de la vida ha intentado al menos conseguir mediante el sacerdote ascético, y para qué hubo de servirle una transitoria tiranía de conceptos paradójicos y paralógicos, tales como «culpa», «pecado», «pecaminosidad», «corrupción», «condenación»: para hacer inocuos hasta cierto punto a los enfermos, para destruir a los incurables sirviéndose de ellos mismos, para orientar con rigor a los enfermos leves hacia sí mismos, para retroorientar su resentimiento («una sola cosa es necesaria»)[97] y para, de esta manera, aprovechar los peores instintos de todos los que sufren con la finalidad de lograr la autodisciplina, la autovigilancia, la autosuperación. Como es obvio, una «medicación» de esa especie, una medicación a base de meros afectos, no puede ser en modo alguno una curación real para enfermos, entendiendo curación en el sentido fisiológico; ni siquiera sería lícito afirmar que el instinto de la vida haya pretendido e intentado conseguir aquí de algún modo una curación. Una especie de aglomeración y organización de los enfermos, por un lado (— la palabra «Iglesia» es el nombre más popular para designar esto), una especie de preservación provisional de los hombres de constitución más sana, de los mejor forjados, por otro, la creacion de un abismo, por tanto, entre lo sano y lo enfermo —¡esto fue todo durante mucho tiempo!, ¡y era mucho!, ¡era muchísimo!… [Como se ve, en este tratado parto de un presupuesto que, con respecto a los lectores que yo necesito, no tengo que justificar antes: el presupuesto de que la «pecaminosidad» en el hombre no es una realidad de hecho, sino más bien tan sólo la interpretación de una realidad de hecho, a saber, de un malestar fisiológico, — visto este último en una perspectiva religioso—moral que, para nosotros, ya no tiene ninguna fuerza vinculante. — Por el hecho de que alguien se sienta «culpable», «pecador», no está ya demostrado en modo alguno que tenga razón para sentirse así. Recuérdense los famosos procesos contra las brujas: los jueces más clarividentes y más humanitarios no dudaban entonces de que allí había una culpa; las mismas brujas no dudaban de ello, — y, sin embargo, la culpa faltaba[98]. — Expresemos ese presupuesto en una forma más general: el mismo «dolor anímico» yo no lo considero en absoluto como una realidad de hecho, sino sólo como una interpretación (interpretación causal) de realidades de hecho carentes hasta ahora de una formulación exacta: y, por tanto, como algo que aún se encuentra del todo en el aire y no es científicamente vinculante, — en realidad, sólo una palabra gruesa sustituyendo a un signo de interrogación flaco como un huso. Cuando alguien no se libra de un «dolor anímico», esto no depende, para decirlo con tosquedad, de su «alma»; es más probable quedependa de su vientre (hablando con tosquedad, como he dicho: con lo cual no manifiesto en modo alguno el deseo de que también se me oiga con tosquedad, se me entienda toscamente…). Un hombre fuerte y bien constituido digiere sus vivencias (incluidas las acciones, las fechorías) de igual manera que digiere sus comidas, aun cuando tenga que tragar duros bocados. Cuando «no acaba» con una vivencia, tal especie de indigestión es tan fisiológica como la otra —y muchas veces, de hecho, tan sólo una de las consecuencias de la otra. — Aun pensando así, se puede continuar siendo, sin embargo, dicho sea entre nosotros, el más riguroso adversario de todo materialismo…


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker