Más allá del bien y del mal
Más allá del bien y del mal 7
¡Qué malignos pueden ser los filósofos! Yo no conozco nada más venenoso que el chiste que Epicuro se permitió contra Platón y los platónicos: los llamó dionysiokolakes. Esta palabra, según su sentido literal, y en primer término, significa «aduladores de Dionisio», es decir, agentes del tirano y gentes serviles; pero, además, quiere decir «todos ellos son co mediantes, en ellos no hay nada auténtico» (pues dionysokolax era una designación popular del comediante). Y en esto último consiste propiamente la malicia que Epicuro lanzó contra Platón: a Epicuro le molestaban los modales grandiosos, el ponerse uno a sà mismo en escena, cosa de que tanto entendÃan Platón y todos sus discÃpulos, —¡y de la que no entendÃa Epicuro!, él, el viejo maestro de escuela de Samos que permaneció escondido en su jardincillo de Atenas y escribió trescientos libros, ¿quién sabe?, ¿acaso por rabia y por ambición contra Platón? —Fueron necesarios cien años para que Grecia se diese cuenta de quién habÃa sido aquel dios del jardÃn, Epicuro. —¿Se dio cuenta? —
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En toda filosofÃa hay un punto en el que entra en escena la «convicción» del filósofo: o, para decirlo en el lenguaje de un antiguo mysterium:
adventavit asÃnus
pulcher et fortissimus