Más allá del bien y del mal
Más allá del bien y del mal 51
Hasta ahora los hombres más poderosos han venido inclinándose siempre con respeto ante el santo como ante el enigma del vencimiento de sà y de la renuncia deliberada y suprema: ¿por qué se inclinaban? Atisbaban en él —y, por asà decirlo, detrás del signo de interrogación de su apariencia frágil y miserable —la fuerza superior que querÃa ponerse a ,prueba a sà misma en ese vencimiento, la fortaleza de la voluntad, en la que ellos reconocÃan y sabÃan venerar su propia fortaleza y su propio placer de señores: honraban algo de sà mismos cuando honraban al santo. A esto se añadÃa que el »,pectáculo de un santo los volvÃa suspicaces: tal monstruo&ad de negación, de anti—naturaleza, no será deseada en Vano, asà se decÃan, haciéndose preguntas. ¿Acaso hay un motivo para hacer eso, un peligro muy grande, que el asceta conoce más de cerca, gracias a sus secretos consoladores y visitantes? En suma, los poderosos del mundo aprendÃan un nuevo temor en presencia del santo, atisbaban un nuevo poder, un enemigo extraño, todavÃa no sojuzgado: —la «voluntad de poder» era la que los obligaba a detenerse delante del santo. TenÃan que hacerle preguntas ——
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