Más allá del bien y del mal
Más allá del bien y del mal La lejanÃa y, por asà decirlo, el espacio en torno al hombre crecen a medida que crece la fuerza de su mirada y penetración espirituales: su mundo se vuelve más profundo, hácen le visibles estrellas siempre nuevas, enigmas e imágenes siempre nuevos. Quizá todo aquello sobre lo que los ojos del espÃritu ejercitaron su perspicacia y su penetración no fuera más que precisamente un pretexto para ejercitarse, una cosa de juego, algo para niños y para cabezas infantiles. Acaso un dÃa los conceptos más solemnes, por los cuales más se ha luchado y sufrido, los conceptos de «Dios» y de «pecado», no nos parezcan más importantes que le parecen al hombre viejo un juego infantil y un dolor infantil, —y acaso «el hombre viejo» vuelva a tener entonces necesidad de otro juguete y de otro dolor, —¡siempre todavÃa bastante niño, niño eterno!
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