Mi hermana y yo
Mi hermana y yo Y luego, aquella vez que Cósima me escribió sugiriendo que pidiera a Elisabeth que viniese a Bayreuth para cuidar de sus niños, y así Cósima y yo podríamos hacer un viaje de negocios. ¿Sospechaba las relaciones entre Elisabeth y yo, y trataba de esta manera de forzar una separación espiritual entre nosotros?
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Muchas veces pienso de mí mismo como solía pensar en mi niñez del Dios del Génesis, en un «novio rechazado».
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En las ocasiones en que otros filósofos consideran preciso escribir libros, yo escribo un pequeño párrafo. Cuando un libro es realmente necesario, yo creo conveniente guardar el más profundo silencio.
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Hacia la mitad de El Anticristo perdí la sensación de resentimiento. No podría decir la razón, pero de pronto tuve la impresión de que estaba citando las Escrituras en lugar de hostigarlas. Estaba nuevamente quinceañero. Después comencé a escribir desatinos, por lo menos durante unas cincuenta páginas, antes de hallar nuevamente los rayos y centellas con que concluí éste, el más lírico de todos mis escritos.
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