Mi hermana y yo
Mi hermana y yo Lou tuvo que luchar contra mi orgullo satánico y logró colocarme al nivel de su amor y de su pasión que eran humanos, demasiado humanos. Lou era mi ángel bueno que luchaba con Elisabeth, el ángel malo, quien despertó al demonio en mi haciendo consciente el gran pecado que compartÃamos. Usó todas las estratagemas del infierno para separarme de mi Helena eslava, y ya que yo mismo soy un eslavo, un polaco de noble alcurnia, la victoria de Elisabeth sobre nosotros se convirtió en una doble derrota para la humanidad eslava.
Me apena revelar todo esto, porque estoy uncido al yugo de la piedad, igual que todos los cristianos occidentales, y, como ya he dicho, hay este grave peligro: que el hombre se desangra al reconocer la verdad.
El conocimiento del dolor se ha mitigado por el dolor del conocimiento; comprendemos asà la queja de Byron: «El árbol del conocimiento no es el árbol de la vida». Como no espero que mi confesión se haga pública hasta que Mamá, Lama, Lou y yo estemos reunidos en el seno de Abraham (o Satán), puedo exponer la espantosa verdad a la luz del aforismo de Spinoza de que perdonar es olvidar.