Mi hermana y yo
Mi hermana y yo INVOCACIÓN A ELLA
Vengo a ti esta noche
Madre de Dios
que sonriente pendes sobre mi cabecera
Madre del Dios que no he reconocido en la niñez y ni ahora lo admito, en estos momentos de horrible humillación.
Óyeme, porque la madre que me prohijó nunca llegó a ser mi madre.
Debo tener una madre esta noche o dejar de ser yo mismo.
Aunque la imagen con que se identifica este lecho andrajoso y maloliente fuera la de un limpiabotas.
Me arrastraría ahora ante ella de rodillas y manos
clamando por la compasión que necesito para proseguir esta jornada vacilante y perseverante predestinada.
Si compasión alguna queda en el mundo
(y por qué no la habría, si tan poco ha sido ofrecida desde que por vez primera fue volcada al infinito)
debe estar contenida en alguna imagen
casualmente dejada para que la halle y la venere yo esta noche.
Me he proyectado hacia adelante en esta fantástica red de paz hipotética