Mi hermana y yo
Mi hermana y yo Si alguna vez vuelvo a casa, creo que observaré más atentamente al egipcio Libro de la Muerte, cuyas páginas he hojeado, pero nunca leí con la atención que tal libro requiere de un lector que habita un mundo tan diferente de aquél en que fue escrito. Como pueblo y clase dominante, los egipcios sólo tuvieron un interés mínimo en los problemas morales; por eso estaban mejor equipados que todas las naciones para iniciar y llevar a cabo un programa de cultura científica. Se les podría envidiar, aunque, de acuerdo con lo que sabemos, no aportaron mucho en ese sentido. Si lo consideramos como amo de sus oportunidades, el egipcio evolucionado es menos admirable que su sucesor lineal, el europeo evolucionado.
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Siempre quise ampliar mis primeras observaciones sobre el europeo evolucionado, cuya función más importante debe ser llenar el hueco entre el hombre tal como es hoy día y el Superhombre, que con tiempo, infinita paciencia y coraje, esperamos realizar. La tarea del europeo evolucionado es conservar la pasión de Cristo por la verdad en la ciencia y la sinceridad en la vida, mientras arrastra a su conciencia a sonreír cuando saca la lengua cada vez que pasa ante una iglesia, una sinagoga o una mezquita.
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