Mi hermana y yo
Mi hermana y yo He encontrado en mi vida por lo menos cuatro personas que pensaban que haría un buen papel como centro de una religión. Tres de ellas eran mujeres. Esto me ha hecho desconfiar de la religión y también de las mujeres.
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He amado a Sócrates con un afecto que no sentí por ningún ser humano en la historia. Le he perdonado aun su único gran pecado: la transformación de la razón en una fuerza tiránica.