El arte de no encajar
El arte de no encajar La oscuridad no se había ido por completo. Pero había aprendido a encontrar la luz dentro de ella.
Siempre creí que encajar era la meta. Que la felicidad estaba en ser como los demás, en seguir el camino que la sociedad marcaba sin desviarse demasiado.
Pero Mateo me enseñó lo contrario.
Él no encaja en las normas, en los moldes, en las expectativas. Y yo, en mi intento por protegerlo, tampoco encajé.
No soy la madre que imaginé que sería. No tengo respuestas para todo. No puedo hacer que el mundo lo entienda siempre. Pero sí puedo hacer algo: darle un espacio donde ser él mismo sin miedo.
Reflexión: No encajar no es una maldición. Es una oportunidad para ver el mundo desde otro ángulo, para desafiar lo establecido, para construir un camino propio.
Ahora ya no espero que Mateo cambie para adaptarse al mundo. Trabajo cada día para que el mundo aprenda a verlo como es.
No es un final feliz en el sentido tradicional. No hay una solución mágica, ni un cierre perfecto.
Pero hay algo mejor: aceptación.
Mateo no necesita encajar. Yo tampoco.
