El arte de no encajar
El arte de no encajar No entendía el mundo, pero eso no significaba que no sintiera el impacto de cada golpe que la vida le daba.
Consejo: No intentes forzar a tu hijo a encajar. Enséñale a entenderse, a navegar su propio mundo. Y, sobre todo, enséñate a ti misma a aceptarlo.
Había guerra, sí. Pero la guerra no era contra Mateo. Era contra lo que yo creía que debía ser.
Y en esa lucha, él tenía mucho que enseñarme.
El cansancio era un monstruo con el que aprendí a convivir. No dormía bien, no tenía tiempo para mí, cada día era una maratón de citas médicas, terapia ocupacional, trabajo y crisis emocionales. Pero lo peor no era eso.
Lo peor era la soledad.
Porque nadie entiende realmente lo que es criar a un niño neurodivergente hasta que le toca vivirlo. Las charlas con otras madres se volvieron superficiales:
—¿Y Mateo ya habla? —Está en su proceso. —Ah... ¿Y va a un colegio normal?
Normal. La palabra era un cuchillo que cortaba en lugares invisibles.
Las invitaciones a fiestas de cumpleaños se volvieron menos frecuentes. En los grupos de WhatsApp de mamás del colegio, yo era la que hablaba poco, la que no podía sumarse a las conversaciones sobre las actividades extraescolares que “todos los niños” disfrutaban.
