Himnos a la Noche
Himnos a la Noche Antaño,
cuando yo derramaba amargas lágrimas;
cuando, disuelto en dolor, se desvanecÃa mi esperanza;
cuando estaba en la estéril colina,
que, en angosto y obscuro lugar albergaba la imagen de mÃ
—solo, como jamás estuvo nunca un solitario,
hostigado por un miedo indecible—
sin fuerzas, pensamiento de la miseria sólo.
Cuando entonces buscaba auxilio por un lado y por otro
—avanzar no podÃa, retroceder tampoco—
y un anhelo infinito me ataba a la vida apagada que huÃa:
entonces, de horizontes lejanos azules
—de las cimas de mi antigua beatitud—,
llegó un escalofrÃo de crepúsculo,
y, de repente, se rompió el vÃnculo del nacimiento,
se rompieron las cadenas de la Luz.
Huyó la maravilla de la Tierra, y huyó con ella mi tristeza
—la melancolÃa se fundió en un mundo nuevo, insondable
ebriedad de la Noche, Sueño del Cielo—,
tú viniste sobre mÃ
