Himnos a la Noche
Himnos a la Noche el paisaje se fue levantando dulcemente;
sobre el paisaje, suspendido en el aire, flotaba mi espíritu,
libre de ataduras, nacido de nuevo.
En nube de polvo se convirtió la colina,
a través de la nube vi los rasgos glorificados de la Amada
—en sus ojos descansaba la eternidad—.
Cogí sus manos, y las lágrimas se hicieron un vínculo
centelleante, indestructible.
Pasaron milenios huyendo a la lejanía, como huracanes.
Apoyado en su hombro lloré;
lloré lágrimas de encanto para la nueva vida.
—Fue el primero, el único Sueño.—
Y desde entonces,
desde entonces sólo,
siento una fe eterna, una inmutable confianza en el Cielo de la Noche,
y en la Luz de este Cielo: la Amada.