Himnos a la Noche
Himnos a la Noche y para que, con tus llamas, engendraras el mundo.
En verdad, yo existÃa antes de que tú existieras,
la Madre me mandó, con mis hermanos,
a que poblara el mundo,
a que lo santificara por el Amor,
para que el Universo se convirtiera
en un monumento de eterna contemplación
—me mandó a que plantara en él flores inmarcesibles—.
Pero aún no maduraron estos divinos pensamientos.
—Son pocas todavÃa las huellas de nuestra revelación.—
Un dÃa tu reloj marcará el fin de los tiempos,
cuando tú seas una como nosotros,
y, desbordante de anhelo y de fervor,
te apagues y te mueras.
En mà siento llegar el fin de tu agitación
—celeste libertad, bienaventurado regreso—.
Mis terribles dolores me hacen ver que estás lejos todavÃa de nuestra patria;
veo que te resistes al Cielo, magnÃfico y antiguo.
Pero es inútil tu furia y tu delirio.