Himnos a la Noche
Himnos a la Noche contemplaban los días futuros; miraba
a sus amados, los retoños de su estirpe divina,
sin temer por el destino terrestre de sus días.
Muy pronto, extrañamente conmovidos por un íntimo Amor,
se reunieron en torno a él los espíritus ingenuos y sencillos.
Como flores,
germinaba una nueva y extraña vida a la vera del Niño.
Insondables palabras, el más alegre de los mensajes, caían,
como centellas de un espíritu divino, de sus labios amables.
De costas lejanas,
bajo el cielo sereno y alegre de Héllade
llegó a Palestina un cantor, y entregó su corazón entero al Niño del Milagro:
Tú eres el adolescente que desde hace tiempo
estás pensando, sobre nuestras tumbas:
un signo de consuelo en las tinieblas
—alegre comenzar de un nuevo hombre—.
Lo que nos hunde en profunda tristeza
en un dulce anhelar se nos lleva: