Himnos a la Noche
Himnos a la Noche la Muerte nos anuncia eterna Vida,
Tú eres la Muerte, y sólo Tú nos salvas.
Lleno de alegrÃa,
partió el cantor hacia Indostán
—ebrio su corazón de dulce Amor—;
y esparció la noticia con ardientes canciones bajo aquel dulce cielo,
y miles de corazones se inclinaron hacia él,
y el alegre mensaje en mil ramas creció.
El cantor se marchó,
y la vida preciosa fue vÃctima pronto de la honda caÃda del hombre.
Murió en sus años mozos,
arrancado del mundo que amaba,
de su madre, llorosa, y los amigos, medroso.
El negro cáliz de indecibles dolores
tuvieron que apurar sus labios amorosos.
Entre angustias terribles llegaba la hora del parto del mundo nuevo.
Libró duro combate con el espanto de la vieja muerte,
—grande era el peso del viejo mundo sobre él—.
Una vez más volvió a mirar a su madre con afecto
—y llegó entonces la mano que libera,
la dulce mano del eterno Amor—,