Himnos a la Noche
Himnos a la Noche Su sola presencia abre la maravilla de los imperios del mundo.
Pero me vuelvo hacia el valle,
a la sacra, indecible, misteriosa Noche.
Lejos yace el mundo —sumido en una profunda gruta—
desierta y solitaria es su estancia.
Por las cuerdas del pecho sopla profunda tristeza.
En gotas de rocÃo quiero hundirme y mezclarme con la ceniza.
—LejanÃas del recuerdo, deseos de la juventud, sueños de la niñez,
breves alegrÃas de una larga vida,
vanas esperanzas se acercan en grises ropajes,
como niebla del atardecer tras la puesta del Sol—.
En otros espacios abrió la Luz sus bulliciosas tiendas.
¿No tenÃa que volver con sus hijos,
con los que esperaban su retorno con la fe de la inocencia?
¿Qué es lo que, de repente, tan lleno de presagios, brota en el fondo del corazón y sorbe la brisa suave de la melancolÃa?
¿Te complaces también en nosotros, Noche obscura?
