Los discipulos en Sais

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II LA NATURALEZA

Muchos días hubieron de transcurrir, quizá, antes de que a los hombres se les ocurriese designar, con un nombre general, los múltiples objetos percibidos por sus sentidos, y se situasen ante dichos objetos. Los progresos se realizan por medio del ejercicio; y en todo progreso se producen separaciones y descomposiciones que pueden compararse, justamente, con la refracción de la luz. Por consiguiente, y sólo de modo gradual también, nuestra parte interior se ha dividido en fuerzas tan numerosas; y el ejercicio continuo hará aumentar, aún más, esas divisiones. Tal vez se trate, únicamente, de una aptitud enfermiza de los hombres recién llegados, que les ha hecho perder la facultad de mezclar nuevamente los colores internos de su espíritu y de restablecer, a voluntad, el primitivo y sencillo estado natural, así como también, de obtener con aquellos colores, combinaciones nuevas y diversas. Cuanto más unidas están las fuerzas del espíritu, con tanta más intensidad, de manera más completa y personal, influye en ella cada cuerpo y cada fenómeno; pues la naturaleza de la sensación corresponde a la del sentido; y por esa razón, a los hombres primitivos todo debió parecerles humano, conocido y amable; y cada novedad, evidente. Sus sentidos podían percibir hasta la particularidad más pequeña; cada una de sus expresiones era un verdadero rasgo natural, y sus manifestaciones debían armonizar con el mundo que los rodeaba, siendo fiel expresión del mismo. La opinión que nuestros antepasados tuvieron de las cosas del Universo, puede considerarse pues, como una producción necesaria, una copia del estado primitivo de la Naturaleza terrestre. Ya que ellos fueron los órganos más aptos para observar el universo, podemos preguntarles, en particular, cuál era la razón profunda de aquel universo y cuáles los vínculos primeros con sus habitantes, y los de dichos habitantes con él. Observamos que son precisamente los asuntos más elevados los que, ante todo, atraen la atención de esos hombres: y que buscan la llave de aquel edificio maravilloso, ora en el conjunto de las cosas redes, ora en el objeto imaginario de un sentido ignorado.


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