Naufragios y Comentarios
Naufragios y Comentarios De aqueste río llamado Iguazu, el gobernador y su gente pasaron adelante descubriendo tierra, y a 3 días del mes de diciembre llegaron a un río que los indios llaman Tibagi[197]. Es un río enladrillado de losas grandes, solado, puestas en tanta orden y concierto como si a mano se hobieran puesto. En pasar de la otra parte de este río se rescibió gran trabajo, porque la gente y caballos resbalaban por las piedras y no se podían tener sobre los pies, y tomaron por remedio pasar asidos unos a otros; y aunque el río no era muy hondable, corría el agua con gran furia y fuera. De dos leguas cerca de este río vinieron los indios con mucho placer a traer a la hueste bastimentos para la gente; por manera que nunca les faltaba de comer, y agua a veces lo dejaban sobrado por los caminos. Lo cual causó dar el gobernador a los indios tanto y ser con ellos tan largo, especialmente con los principales, que, además de pagarles los mantenimientos que le traían, les daba graciosamente muchos rescates y les hacía muchas mercedes y todo buen tratamiento; en tal manera, que corría la fama por la tierra y provincia, y todos los naturales perdían el temor y venían a ver y traer todo lo que tenían, y se lo pagaban, según es dicho. Este mismo día, estando cerca de otro lugar de indios que su principal se dijo llamar Tapapirazu, llegó un indio natural de la costa del Brasil, que se llamaba Miguel, nuevamente convertido, el cual venía de la ciudad de la Ascensión, donde residían los españoles que iban a socorrer; el cual se venía a la costa del Brasil porque había mucho tiempo que estaba con los españoles; con el cual se holgó mucho el gobernador, porque de él fue informado del estado en que estaba la provincia y los españoles y naturales de ella, por el muy grande peligro en que estaban los españoles a causa de la muerte de Juan de Ayolas, como de otros capitanes y gente que los indios habían muerto; y habida relación de este indio, de su propia voluntad quiso volverse en compañía del gobernador a la ciudad de la Ascensión, de donde él se venía, para guiar la gente y avisar del camino por donde habían de ir; y dende aquí el gobernador mandó despedir y volver los indios que salieron de la isla de Santa Catalina en su compañía. Los cuales, así por los buenos tratamientos que les hizo como por las muchas dádivas que les dio, se volvieron muy contentos y alegres.