Naufragios y Comentarios
Naufragios y Comentarios Otro día de mañana el gobernador mandó partir los navíos, gente, indios y cristianos, y que fuesen navegando al remo hasta llegar al bajo que habían de pasar los navíos, y mandó salir toda la gente y que saltasen al agua, la cual no les daba a la rodilla; y puestos los indios y cristianos a los bordos y lados del bergantín que se llamaba Sant Marcos, toda la gente que podía caber por los lados del bergantín lo pasaron a hombro y casi en peso y fuerza de brazos, sin que lo descargase; y duró más de un tiro y medio de arcabuz; fue muy gran trabajo pasarlo a fuerza de brazos, y después de pasado, los mismos indios y cristianos pasaron los otros bergantines, con menos trabajo que el primero, porque no eran tan grandes como el primero; y después de puestos en el hondo, nos fuimos a desembarcar en el puerto de los Reyes, en el cual hallamos en la ribera muy gran copia de gente de los naturales, que sus mujeres e hijos y ellos estaban esperando; y así salió el gobernador con toda la gente, y todos ellos se vinieron a él, y él les informó cómo Su Majestad le enviaba para que les apercibiese y amonestase que fuesen cristianos, y recebiesen la doctrina cristiana, y creyesen en Dios, Criador del Cielo y de la Tierra, y a ser vasallos de Su Majestad, y siéndolo, serían amparados y defendidos por el gobernador y por los que traía, de sus enemigos y de quien les quisiese hacer mal, y que siempre serían bien tratados y mirados, como Su Majestad lo mandaba que lo hiciese; y siendo buenos, les daría siempre de sus rescates, como siempre lo hacía a todos los que lo eran; y luego mandó llamar a los clérigos y les dijo cómo quería luego hacer una iglesia donde le dijesen misa y los otros oficios divinos, para ejemplo y consolación de los otros cristianos, y que ellos tuviesen especial cuidado de ellos. E hizo hacer una cruz de madera grande, la cual mandó hincar junto a la ribera, debajo de unas palmas altas, en presencia de los oficiales de Su Majestad y de otra mucha gente que allí se halló presente; y ante el escribano de la provincia tomó posesión de la tierra en nombre de Su Majestad, como tierra que nuevamente se descubría; y habiendo pacificado los naturales, dándoles de sus rescates y otras cosas, mandó aposentar los españoles en la ribera de la laguna, y junto con ella los indios guaraníes, a todos los cuales dijo y apercibió que no hiciesen daño ni fuerza ni otro mal ninguno a los indios y naturales de aquel puerto, pues eran amigos y vasallos de Su Majestad, y les mandó y defendió no fuesen sus pueblos y casas, porque la cosa que los indios más sienten y por que se alteran es ver que los indios y cristianos van a sus casas, y les revuelven y toman las cosillas que tienen en ellas; y que si tratasen y rescatasen con ellos, les pagasen lo que trujesen y tomasen de sus rescates; y si otra cosa hicieren, serían castigados.