Naufragios y Comentarios

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Este día, una hora antes que anocheciese, llegaron a los pueblos de los indios; y antes de llegar a ellos con un tiro de ballesta, salieron más de quinientos indios de los xarayes a los recibir con mucho placer, todos muy galanes, compuestos con muchas plumas de papagayos y avantales[278] de cuentas blancas, con que cubrían sus vergüenzas, y los tomaron en medio y los metieron en el pueblo, a la entrada del cual estaban muy gran número de mujeres y niños esperándolos, las mujeres todas cubiertas sus vergüenzas, y muchas cubiertas con unas ropas largas de algodón que usan entre ellos, que llaman tipoes; y entrando por el pueblo, llegaron donde estaba el principal de los xarayes[279], acompañado de hasta trescientos indios muy bien dispuestos, los más de ellos hombres ancianos; el cual estaba asentado en una red de algodón en medio de una gran plaza, y todos los suyos estaban en pie y lo tenían en medio; y como llegaron todos, los indios hicieron una calle por donde pasasen, y llegando donde estaba el principal, le trujeron dos banquillos de palo, en que les dijo por señas que se sentasen; y habiéndose sentado, mandó venir allí un indio de la generación de los guaranfes que había mucho tiempo que estaba entre ellos y estaba casado allí con una india de la generación de los xarayes, y lo querían muy bien y lo tenían por natural. Con el cual el dicho indio principal les había dicho que fuesen bien venidos y que se holgaba mucho de verlos, porque muchos tiempos había que deseaba ver los cristianos; y que dende el tiempo que García había andado por aquellas tierras tenía noticia de ellos, y que los tenía por sus parientes y amigos; y que ansimesmo deseaba mucho ver al principal de los cristianos, porque había sabido que era bueno y muy amigo de los indios, y que les daba de sus cosas y no era escaso, y les dijesen si les enviaba por alguna cosa de su tierra, que él se lo daría; y por lengua del intérprete le dijeron y declararon cómo el gobernador los enviaba para que dijese y declarase el camino que había dende allí hasta las poblaciones de la tierra, y los pueblos y gente que había dende allí a ellos, y en qué tantos días se podría llegar donde estaban los indios que tenían oro y plata; y allende de esto, para que supiese que lo quería conoscer y tener por amigo, con otras particularidades que el gobernador les mandó que le dijesen; a lo cual el indio respondió que él se holgaba de tenerlos por amigos, y que él y los suyos le tenían por señor, y que los mandase; y que en lo que tocaba al camino para ir a las poblaciones de la tierra, que por allí no sabían ni tenían noticia que hobiese tal camino, ni ellos habían ido la tierra adentro, a causa que toda la tierra se anegaba al tiempo de las avenidas, dende a dos lunas; y pasadas todas las aguas, toda la tierra quedaba tal, que no podían andar por ella; pero que el propio indio con quien les hablaba, que era de la generación de los guaraníes, había ido a las poblaciones de la tierra adentro y sabía el camino por donde habían de ir, que por hacer placer al principal de los cristianos se lo enviaría para que fuese a enseñarle el camino, y luego en presencia de los españoles le mandó al indio guaraní se viniese con ellos, y ansí lo hizo con mucha voluntad; y visto por los cristianos que el principal había negado el camino con tan buenas cautelas y razones, paresciéndoles a ellos, por lo que de la tierra habían visto y andado, que podía ser ansí verdad, lo creyeron, y le rogaron que los mandase guiar a los pueblos de los guaranfes, porque los querían ver y hablar, de lo cual el indio se alteró y escandalizó mucho; y que con buen semblante y disimulado continente había respondido que los indios guaranfes eran sus enemigos y tenían guerra con ellos, y cada día se mataban unos a otros, que pues él era amigo de los cristianos, que no fuesen a buscar sus enemigos para tenerlos por amigos; y que si todavía quisiesen ir a ver los dichos indios guaraníes, que otro día de mañana lo llevarían los suyos para que los hablasen. Ya porque era noche, el mismo principal los llevó consigo a su casa, y allí les mandó dar de comer y sendas redes de algodón en que durmiesen, y les convidó que si quisiese cada uno su moza, que se la darían; pero no las quisieron, diciendo que venían cansados; y otro día, una hora antes del alba, comienzan tan gran ruido de atambores y bocinas, que parescía que se hundía el pueblo, y en aquella plaza que estaba delante de la casa principal se juntaron todos los indios, muy emplumados y aderezados a punto de guerra, con sus arcos y muchas flechas, y luego el principal mandó abrir la puerta de su casa para que los viese, y habría bien seiscientos indios de guerra; y el principal les dijo: «Cristianos, mira mi gente que de esta manera van a los pueblos de los guaranfes; id con ellos, que ellos os llevarán y os volverán, porque si fuésedes solos, mataros hían sabiendo que habéis estado en mi tierra y que sois mis amigos». Y los españoles, visto que de aquella manera no podrían hablar al principal de los guaraníes, y que sería ocasión de perder la amistad de los dichos xarayes, le dijeron que tenían determinado volverse a dar cuenta de todo a su principal, y que verían lo que les mandaría, y volverían a se lo decir; y de esta manera se sosegaron los indios; y aquel día todo estuvieron en el pueblo de los xarayes, el cual seria de hasta mil vecinos; y a media legua y a una de allí había otro cuatro pueblos de la generación, que todos obedescían al dicho principal, el cual se llamaba Camire. Estos indios xarayes es gente crescida, de buena disposición[280]; son labradores, y siembran y cogen dos veces en el año maíz y batatas y mandioca y mandubies; crían patos en gran cantidad y algunas gallinas como las de nuestra España; horádanse los labios como los artaneses, cada uno tiene su casa por sí, donde viven con su mujer e hijos; ellos labran y siembran, las mujeres lo cogen y lo traen a sus casas, y son grandes hilanderas de algodón; estos indios crían muchos patos para que maten y coman los grillos, como digo antes de esto.


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