Naufragios y Comentarios
Naufragios y Comentarios Dende algunos días que el capitán Gonzalo de Mendoza había partido con la gente a comprar los bastimentos, escribió una carta cómo al tiempo que llegó a los lugares de los indios arrianicosies había enviado con una lengua a decir cómo él iba a su tierra a les rogar le vendiesen de los bastimentos que tenían, y que se los pagaría en rescates muy a su contento, en cuentas y cuchillos y cuñas de hierro (lo cual ellos tenían en mucho), y les daría muchos anzuelos; los cuales rescates llevó la lengua para se los enseñar para que los viesen; y que no iban a hacerles mal ni daño ni tomalles nada por fuerza; y que la lengua había ido y había vuelto huyendo de los indios, y que habían salido a él a lo matar, y que le habían tirado muchas flechas; y que decían que no fuesen los cristianos a su tierra, y que no les querían dar ninguna cosa; antes los habían de matar a todos, y que para ello les habían venido a ayudar los indios guaxarapos, que eran muy valientes; los cuales habían muerto cristianos, y decían que los cristianos tenían las cabezas tiernas, y que no eran recios; y que el dicho Gonzalo de Mendoza había tornado a enviar la misma lengua a rogar y requerir los indios que les diesen los bastimentos, y con él envió algunos españoles que viesen lo que pasaba; todos los cuales habían vuelto huyendo de los indios, diciendo que habían salido con mano armada para los matar, y les habían tirado muchas flechas, diciendo que se saliesen de su tierra, que no les querían dar los bastimentos; y que visto esto, que él había ido con toda la gente a les hablar y asegurar; y que llegados cerca de su lugar, habían salido contra él todos los indios de la tierra, tirándole muchas flechas y procurándoles de matar, sin les querer oír ni dar lugar a que les dijese alguna cosa de las que les querían hablar; por lo cual en su defensa habían derrocado dos de ellos con arcabuces, y como los otros los vieron muertos, todos se fueron huyendo por los montes. Los cristianos fueron a sus casas, adonde habían hallado muy gran abundancia de mantenimientos de maíz y de mandubies, y otras yerbas y raíces y cosas de comer; y que luego con uno de los indios que había tomado preso envió a decir a los indios que se viniesen a sus casas, porque él les prometía y aseguraba de los tener por amigos, y de no les hacer ningún daño, y que les pagaría sus bastimentos que en sus casas les habían tomado cuando ellos huyeron; lo cual no habían querido hacer, antes habían venido a les dar guerra adonde tenían sentado el real, y habían puesto fuego a sus propias casas, y se hacían llamamiento de otras muchas generaciones de indios para venir a matarlos, y que ansí lo decían, y no dejaban de venir a les hacer todo el daño que podían. El gobernador le envió a mandar que trabajase y procurase de tornar los indios a sus casas, y no les consintiese hacer ningún mal ni daño ni guerra, antes les pagase todos los bastimentos que les habían tomado, y les dejasen en paz, y fuesen a buscar los bastimentos por otras partes; y luego le tornó a avisar el capitán cómo los habían enviado a llamar y asegurar para que se volviesen a sus casas, y que les tenía por amigos, y que no les haría mal, y los trataría bien; lo cual no quisieron hacer, antes continuo vinieron a hacerle guerra y todo el daño que podían con otras generaciones de indios que habían llamado para ello, así de los guaxarapos y guatos[287], enemigos nuestros, que se habían juntado con ellos.