Naufragios y Comentarios

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Después de esto hecho, tomaron un atambor y fueron por las calles alborotando, y desasosegando al pueblo, diciendo a grandes voces: «¡Libertad, libertad; viva el Rey!» Y después de haber dado una vuelta al pueblo, fueron los mismos a la casa de Pero Hernández[299], escribano de provincia (que a la sazón estaba enfermo), y prendieron, y a Bartolomé González, y le tomaron la hacienda y escripturas que allí tenía y así, lo llevaron preso a la casa de Domingo de Irala, adonde le echaron dos pares de grillos y después de habelle dicho muchas afrentas pusieron sus guardas, y tornaron a pregonar: «Mandan los señores oficiales de Su Majestad que ninguno sea osado de andar por las calles y todos se recojan a sus casas, so pena de muerte y de traidores»; y acabando de decir todo tornaban, como de primero, a decir: «¡Libertad, libertad!» Y cuando esto apregonaban, a los que topaban en las calles les daban muchos rempujones y espaldarazos, y los metían Por fuerza en sus casas; y luego, como esto acaba donde el gobernador vivía y tenía su hacienda y escripturas y provisiones que Su Majestad mandó despachar acerca de la gobernación en la tierra, y los autos de cómo le habían recibido y obedecido en nombre de Su Majestad por gobernador y capitán general, y descerrajaron unas arcas, tomaron todas las escripturas que en ellas estaban, y se apoderaron en todo ello y abrieron asimismo un arca que estaba cerrado con tres llaves, donde estaban los procesos que se habían hecho contra los oficiales, de los delitos que habían cometido, los cuales estaban remitidos a Su Majestad; y tomaron todos sus bienes, ropas, bastimentos de vino y aceite, acero y hierro, y otras muchas cosas, y la mayor parte de ellas desaparescieron, dando saco en todo, llamándole de tirano y otras palabras; y lo que dejaron en poder de quien más sus amigos eran y los seguían, so color de depósito, y eran los mismos valedores que los ayudaban. Valía a lo que dicen, más de cien mil castellanos a hacienda, a los precios de allá, entre los cuales tomaron diez bergantines.


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