Naufragios y Comentarios

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El gobernador estaba en una cámara muy pequeña que metieron, de la casa de Alonso Cabrera en la de Garci-Venegas, para tenerlo en medio de todos ellos; y tenían de costumbre cada día el alcalde y los alguaciles de buscar todas las casas que estaban al derredor de la casa adonde estaba preso si había alguna tierra movida de ellas para ver si minaban. En viendo los oficiales dos o tres hombres de la parcialidad del gobernador, y que estaban hablando juntos, luego daban voces diciendo: «¡Al arma, al arma!» Y entonces los oficiales entraban armados donde estaba el gobernador, y decían, puesta la mano en los puñales: «Juro a Dios que si la gente se pone en sacaros de nuestro poder, que os habemos de dar de puñaladas y cortaros la cabeza, y echalla a los que os vienen a sacar, para que se contenten con ella»; para lo cual nombraron cuatro hombres, los que tenían por más valientes, para que con cuatro puñales estuviesen par de la primera guarda, y les tomaron pleito homenaje que en sintiendo que de la parte de Su Majestad le iban a sacar, luego entrasen y le cortasen la cabeza; y para estar apercibidos para aquel tiempo, amolaban los pufiales, para cumplir lo que tenían jurado; y hacían esto en parte donde sintiese el gobernador lo que hacían y hablaban; y los secutores[301] de esto eran Garci-Vanegas y Andrés Hernández el Romo, y otros.



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