El tema de nuestro tiempo
El tema de nuestro tiempo No quiero decir con esto que el triunfo de esta teorÃa influirá sobre los espÃritus, imponiéndoles determinada ruta. Esto es evidente y banal. Lo interesante es lo inverso: porque los espÃritus han tomado espontáneamente determinada ruta, ha podido nacer y triunfar la teorÃa de la relatividad. Las ideas, cuanto más sutiles y técnicas, cuanto más remotas parezcan de los afectos humanos, son sÃntomas más auténticos de las variaciones profundas que se producen en el alma histórica.
Basta con subrayar un poco las tendencias generales que han actuado en la invención de esta teorÃa; basta con prolongar brevemente sus lÃneas más allá del recinto de la fÃsica, para que aparezca a nuestros ojos el dibujo de una sensibilidad nueva, antagónica de la reinante en los últimos siglos.
I.º ABSOLUTISMO.
El nervio de todo el sistema está en la idea de la relatividad. Todo depende, pues, de que se entienda bien la fisonomÃa que este pensamiento tiene en la obra genial de Einstein. No serÃa falto de toda mesura afirmar que éste es el punto en que la genialidad ha insertado su divina fuerza, su aventurero empujón, su audacia sublime de arcángel. Dado este punto, el resto de la teorÃa podÃa haberse encargado a la mera discreción.